Una vez tenía que ganar el buen fútbol. Ese que busca la creación y no la destrucción. Ese que tiene paciencia, buen toque y le sobra inteligencia y el buen gusto. España es el nuevo campeón del mundo, y hay que festejarlo.
Para ganar el Mundial, el equipo de Vicente Del Bosque debió vencer en la final al muy buen equipo de Holanda, y no le fue fácil. Los holandeses abusaron del juego brusco, aparados en la pasividad del árbitro inglés Howard Weeb, de pésima labor. Y más allá de eso, también tuvieron sus claras situaciones en los pies de Robben, que Casillas se encargó de controlar.

Y si bien España buscó durante todo el partido, recién a los 116 minutos llegó el tan ansiado grito de gol que le permitió a los españoles festejar. Iniesta, crack si los hay, remató cruzado un centro de Torres y pudo vencer al muy buen arquero holandés Maarten Stekelenburg. Fue 1-0 y fiesta roja.
Como en 1974 y 1978, Holanda vio frustrado su sueño de ser campeón del mundo al perder su tercera final. La historia de su fútbol y el regular campeonato hecho en Sudáfrica lo justificaba, pero sólo uno podía festejar. Y del otro lado estaba España, el mejor equipo del certamen y la mejor Selección de los últimos dos años; que merecidamente se te llevó su primera Copa del Mundo. Si ganaba Holanda, esta Holanda de juego fuerte y talentos como Robben, se iba a levantar polvadera. Pero ganó España. Y así, sin dudas, ganó el fútbol.


