Ya pasó. Sí, el partido más esperado por el ambiente del fútbol y, aún más por lo que no lo son, esos que sólo tocan de oído, ya forma parte del recuerdo, y dice que Boca y River empataron en uno, en un partido de bajo vuelo.
No hay mucho por decir del superclásico. Se notó que había mucho miedo a perder, y que, dentro del poco fútbol visto, Boca fue el que insinuó un poco más. En la primera etapa, el xeneixetuvo dos situaciones claras, que Gaitán y Palacio desperdiciaron y no mucho más.
Ya en el complemento, un remate desde lejos del optimista del gol, del gran goleador contemporáneo, Martín Palermo abrió la cuenta. Quizá por lo visto hasta ahí, era merecidaza victoria parcial del equipo local.
Ante el resultado adverso, Pipo Gorosito movió el tablero y metió a Buonanotte –clave en la remontada del millo- en reemplazo de Bou y Gallardo tuvo más compañía a la hora de generar juego. Así, luego de una gran jugada del enano, Marcelo Gallardo clavó un excelente tiro libre que selló el empate final.
Queda algo para el final que pudo haber cambiado la historia: Radamel Falcao recibió a los 32 minutos del segundo tiempo un preciso pase de Buonanotte y, atorado rápidamente por Abbondanzieri, definió apresurado en el mano a mano y dilapidó lo que hubiera sido el 2-1.
Se fue uno de los clásicos más importantes del mundo y no dejó mucha tela para cortar. El gol 192 de Palermo, el color en las tribunas, lo poco que aportó Fabbiani y el miedo a perder de los dos equipos, que brindaron un pobre espectáculo.

Martín Palermo, el optimista del gol, gritá con el alma su conquista ante River.


